Niños peruanos plantaremos

 

 árboles gracias a niños alemanes

En estos momentos en Copenhague los líderes mundiales discuten mucho para ponerse de acuerdo en algo que es muy sencillo para los niños: defender la vida en nuestro planeta.

Como los niños no defendemos intereses económicos, políticos o sociales nos pondríamos rápidamente de acuerdo en lo que nuestros mayores no quieren hacerlo.

 Por eso agradezco a Rafael, Monique, Alejandra, Nikolai, Moritz, Ismail, Ali, Jael, Sarah, Ada, Zidal, Sura, Meltem, Mustafa, Sumaya, Gizeh, Bahar, Zehra, Shin-Lu, Elisabeth, Nurca, Mei Ike y Selda por haberse puesto de acuerdo rapidamente en hacer trabajos artesanales para venderlos y recaudar algunos euros para que nos sirvan para comprar arbolitos y plantarlos en alguna parte de nuestro país.

Entonces, serán 100 (cien arbolitos) los que plantaremos gracias a nuestros amiguitos alemanes y gracias también a la profesora Beate Niehaus y también a los padres de los niños alemanes.

Desde Perú pintaremos de verde nuestro planeta y cada arbolito que crezca en nuestro territorio llevará el nombre de cada niño alemán que trabajó para hacernos en vísperas de Navidad un hermoso regalo que no sólo es para nosotros los niños sino para la humanidad entera.

Gracias nuevamente Rafael, Monique, Alejandra, Nikolai, Moritz, Ismail, Ali, Jael, Sarah, Ada, Zidal, Sura, Meltem, Mustafa, Sumaya, Gizeh, Bahar, Zehra, Shin-Lu, Elisabeth, Nurca, Mei Ike y Selda. Feliz Navidad para todos.

Pero veamos las acuarelas de mis amiguitos:

Sus autores: Siue, Gulsun y Elisabeth

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La amistad internacional infantil es

 

 algo muy hermoso

En el mes de julio de 2009 el presidente de la asociación de ecologista Canto Vivo, Jesus Veliz, nos informo que en Berlín había conocido a la profesora alemana Beate Niehaus quien tiene a su cargo a 24 niños que tienen padres que han nacido en Latinoamérica y España. Algunos de los niños ya estaban olvidándose de hablar español.

 

Entonces, en Berlín, se acordó iniciar un bello intercambio cultural a través del envió de cartas escritas a puño y letra entre los niños alemanes y peruanos de la misma edad que van desde los 6 a los 11 años.

 

Creo que los niños de ahora ya no envían cartas como lo hacían nuestros padres. Y nosotros hemos decidido retomar esa hermosa costumbre y me parece muy interesante leer a mis nuevos amiguitos alemanes. Lo mismo les parecerá a ellos leer las cartas de  los peruanos Gabriel, Mariel, Valeria, Vania, Milagros, Margarita, Cristina, Héctor, Yehaneli,    Dora, Sara  y yo (Dayamis).

 

Desde un inicio todos hemos coincidido en nuestra preocupación por la ecología y el medio ambiente. Creo que los niños alemanes tienen un mejor comportamiento a favor de nuestra naturaleza. Además tienen la ventaja de tener en su ciudad hermosos bosques adonde van de visita, por eso nos han enviado sus dibujos para que conozcamos su naturaleza a través de sus acuarelas.

 

Los niños peruanos iremos luego de culminar nuestros estudios del presente año a una excursión y dibujaremos lo propio que tenemos que también es bello. Nuestro planeta es bello y los niños tenemos el deber de cuidarlo.

 

Si desean opinar sobre el trabajo de mis amiguitos alemanes háganlo pero aprecien primero sus acuarelas.

Los autores: Sura, Meltem, Mustafa, Sumaya, Gizem y Bahar

Amiguitos alemanes me ayudan a

 

plantar árboles

Anteayer 15 de diciembre 2009 recibí gratas noticias de mis amiguitos alemanes que estudian primaria en Berlín (Alemania).

 

Primero me relacioné con Rafael, Monique, Alejandra, Nikolai, Moritz, Ismail, Ali, Jael, Sarah, Ada y Zidal, pero ahora veo que muchos más me han escrito y me han enviado unas hermosas acuarelas.

 

Ellos al saber que yo plantaba árboles porque soy ecologista me ofrecieron que me iban a ayudar a plantar más arbolitos en Perú y han cumplido. Primero hicieron algunos trabajos manuales y luego los vendieron en una fiesta que organizaron y han recaudado dinero para unos cien arbolitos que yo y mis amigos de Canto Vivo debemos plantar.

 

Yo agradezco mucho la ayuda de mis amiguitos alemanes y también a sus padres y a la profesora Beate Niehaus.

 

A través de mi blog les estaré informando donde vamos a plantar los arbolitos aunque creo que después de escuchar las tristes noticias que vienen desde Ayacucho yo voy a sugerir que debemos llevar nuestros arbolitos para ese lugar que por no tener árboles en las laderas de sus cerros se están produciendo aluviones que han ocasionado mucha desgracia y muertes de humildes pobladores.

 

Ahora, los invito a conocer los trabajos de mis amigos alemanes que primero fueron a sus bosques y luego pintaron estas lindas acuarelas.

 

Los autores: Zehra, Shin-Lu, Elisabeth, Nurca, Mei Ike y Selda

MENSAJE DEL GRAN JEFE SEATTLE AL PRESIDENTE DE LOS EE.UU.

Invito a todos los niños y padres de familia que lean este hermoso mensaje que nos hará reflexionar.  Si  los políticos leyeran quizás pensarían mejor y tratarían con respeto  a nuestra Madre Tierra, como decimos los peruanos, a nuestra Pachamama.

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“El gran Jefe de Washington nos envía un mensaje para hacernos saber que desea comprar nuestra tierra. También nos manda palabras de hermandad y de buena voluntad. Agradecemos el detalle, pues sabemos que no necesita de nuestra amistad. Pero vamos a considerar su oferta, porque también sabemos de sobra que, de no hacerlo así, quizá el hombre blanco nos arrebate la tierra con sus armas de fuego. Pero… ¿Quién puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra?. Esa idea es para nosotros extraña. Ni el frescor del aire, ni el brillo del agua son nuestros. ¿Cómo podría alguien comprarlos? Aún así, trataremos de tomar una decisión Mis palabras son como las estrellas: eternas, nunca se extinguen.

señales de humo

Teneis que saber que cada trozo de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada aguja de un abeto, cada playa de arena, cada niebla en la profundidad de los bosques, cada claro entre los árboles, cada insecto que zumba es sagrado para el pensar y sentir de mi pueblo. La savia que sube por los árboles es sagrada experiencia y memoria de mi gente. Los muertos de los blancos olvidan la tierra en que nacieron cuando desaparecen para vagar por las estrellas. Los nuestros, en cambio, nunca se alejan de la tierra, pues es la madre de todos nosotros. Somos una parte de ella, y la flor perfumada, el ciervo, el caballo, el águila majestuosa, son nuestros hermanos.

Las escarpadas montañas, los prados húmedos, el cuerpo sudoroso del potro y el hombre…, todos pertenecen a la misma familia.

Por eso, cuando el Gran Jefe de Washington nos envió el recado de que quería comprar nuestra tierra, exigía demasiado de nosotros. El Gran Jefe nos quiere hacer saber que pretende darnos un lugar donde vivir tranquilos. El sería nuestro padre, y nosotros seríamos sus hijos. ¿Pero eso será posible algun día?

Dios debe amar a vuestro pueblo y abandonado a sus hijos rojos. El ha enviado máquinas para ayudar al hombre blanco en su trabajo, y con ellas se construyen grandes poblados. El hace que vuestra gente sea, día a día, más numerosa. Pronto invadiréis la tierra, como ríos que se desbordan desde las gargantas montañosas, como una inesperada lluvia. Mi pueblo, sin embargo, es como una corriente desbordada, pero sin retorno.

No, nosotros somos razas diferentes. Nuestros hijos y los vuestros no juegan juntos, y vuestros ancianos y los míos no cuentan las mismas historias. Dios os es favorable, y nosotros nos sentimos huérfanos. Aun así, meditaremos sobre vuestra oferta de comprarnos la tierra. No será fácil, porque esta tierra es sagrada para nosotros Nos sentimos alegres en estos bosques. Ignoro el por qué, pero nuestra forma de vivir es diferente a la vuestra. El agua cristalina, que corre por los arroyos y los ríos no es sólo agua, es también la sangre de nuestros antepasados.

Si os la vendiéramos tendríais que recordar que es sagrada, y enseñarlo así a vuestros hijos. De hecho, los ríos son nuestros hermanos. Nos libran de la sed, arrastran nuestras canoas y nos procuran alimento. Cada imagen que reflejan las claras aguas de los lagos son el recuerdo de los hechos que ocurrieron y la memoria de mis gentes. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre. Así es, Padre Blanco de Washington: los ríos son nuestros hermanos. Si os vendemos nuestra tierra, tendreis que recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos -y en adelante, los vuestros- y tratarlos con el mismo cariño que se trata a un hermano.

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Es evidente que el hombre blanco no entiende nuestra manera de ser. Os es indiferente una tierra que otra porque no la ve como a una hermana, sino como a una enemiga. Cuando ya la ha hecho suya, la desprecia y la abandona. Deja atrás la tumba de sus padres sin importarle. Saquea la tierra de sus hijos y le es indiferente. Trata a su madre -la Tierra- y a su hermano -el firmamento- como a objetos que se compran, se usan y se venden como ovejas o cuentas de colores.

Hambriento, el hombre blanco acabará tragándose la tierra, no dejando tras de sí más que un desierto. Mi gente siempre se ha apartado del ambicioso hombre blanco, igual que la niebla matinal en los montes cede ante el sol naciente. Pero las cenizas de nuestros antepasados, sus tumbas, son tierra santa, y por eso estas colinas, estos árboles, esta parte del mundo, nos es sagrado. No sé, pero nuestra forma de ser es muy diferente de la vuestra. Quizás sea porque soy lo que vosotros llamais “un salvaje” y, por eso, no entiendo nada.

La vista de vuestras ciudades hiere los ojos de mi gente. Quizá porque el “Piel Roja” es un salvaje y no lo comprende. No hay silencio alguno en las ciudades de los blancos, no hay ningún lugar donde se pueda oír crecer las hojas en primavera y el zumbido de los insectos. No hay un solo sitio tranquilo en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar desde el que poder escuchar en primavera el brote de las hojas o el revolotear de un insecto. Tal vez sea porque soy lo que llamais “un salvaje” y no comprenda algunas cosas.

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El ruido de vuestras ciudades es un insulto para el oido de mi gente y yo me pregunto ¿Qué clase de vida tiene el hombre que no es capaz de escuchar el grito solitario de la garza o el diálogo nocturno de las ranas en un estanque?

Mi pueblo puede sentir el suave susurro del viento sobre la superficie del lago, el olor del aire limpio por el rocío de la mañana y perfumado al mediodía por el aroma de los pinos. El aire es de gran valor para nosotros, pues todas las cosas participan del mismo aliento: el animal, el árbol, el hombre, todos. El hombre blanco parece no dar importancia al aire que respira, a semejanza de un hombre muerto desde hace varios días, embotado por su propio hedor. Pero, si os vendemos nuestra tierra, no olvidéis que tenemos el aire en gran estima, que el aire comparte su espíritu con la vida entera.

El viento dio a nuestros padres el primer aliento, y recibirá el último. Y el viento también insuflará la vida a nuestros hijos. Y si os vendiéramos nuestra tierra, tendríais que cuidar el aire como un tesoro y cuidar la tierra como un lugar donde también el hombre blanco sepa que el viento sopla suavemente sobre la hierba en la pradera.

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Cuando el último de entre mi gente haya desaparecido, cuando su sombra no sea más que un recuerdo en esta tierra -aun entonces- estas riberas y estos bosques estarán poblados por el espíritu de mi pueblo, porque nosotros amamos este paisaje del mismo modo que el niño ama los latidos del corazón de su madre.

Si decidiese aceptar vuestra oferta, tendría que poneros una condición: que el hombre blanco considere a los animales de estas tierras como hermanos. Soy lo que llamais “un salvaje” y no comprendo vuestro modo de vida, pero he visto miles de búfalos muertos, pudriéndose al sol en la pradera. Muertos a tiros, sin sentido, desde las caravanas. Yo soy un salvaje y no puedo comprender cómo una máquina humeante -el caballo de hierro- puede importar más que el búfalo, al que sólo matamos para sobrevivir.

¿Qué es el hombre sin animales? Si todos los animales desaparecieran el hombre también moriría en la soledad de su espíritu. Lo que le suceda a los animales tarde o temprano le sucederá también al hombre. Todas las cosas están estrechamente unidas. Debeis enseñar a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros: que la Tierra es su madre. Lo que le ocurre a la Tierra también le ocurre a los hijos de la Tierra.

Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos. Nosotros sabemos que la tierra no pertenece al hombre, que es el hombre el que pertenece a la Tierra. Lo sabemos muy bien. Todo está unido entre sí, como la sangre que une a una misma familia. El hombre no creó la trama de la vida, es sólo una fibra de la misma. Lo que haga con ese ese tejido, se lo hace a si mismo.

No, el día y la noche no pueden vivir juntos. Tenéis que enseñar a vuestros hijos que el suelo que está bajo sus pies contiene las cenizas de los nuestros. Para que respeten la tierra, contadles que la tierra contiene las almas de nuestros antepasados. Nuestros muertos siguen viviendo entre las dulces aguas de los ríos, y regresan, de nuevo, con cada suave paso de la Primavera, y sus almas van con el viento que sopla, rizando la superficie del lago.

Consideramos la posibilidad de que el hombre blanco nos compre nuestra tierra. Pero mi pueblo pregunta: ¿Qué es lo que quiere el hombre blanco? ¿Cómo se puede comprar el Cielo, o el calor de la tierra, o la velocidad del antílope?. ¿Cómo vamos a vender todo esto y cómo vais a poder comprarlo?

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Acaso podréis hacer con la tierra lo que queráis, sólo porque firmemos un pedazo de papel y se lo entreguemos al hombre blanco?. Si nosotros no poseemos el frescor del aire, ni el resplandor del agua, cómo vais a poder comprarlo? ¿Es que, acaso, podéis comprar los búfalos cuando ya hayais matado al último?

Consideraremos la oferta. Sabemos que si no os la vendemos vendrá el hombre blanco y se apoderará de nuestra tierra. Sabemos una cosa que, tal vez, el hombre blanco descubra algún día: nuestro Dios es vuestro Dios. Podeis pensar que ahora los pertenece, de igual manera que hoy deseais que nuestras tierras sean vuestras. Pero no es así. El es el Dios de todos los hombres y su amparo alcanza por igual a mi gente y a la vuestra.

Consideraremos vuestra oferta de que vayamos a una reserva. Queremos vivir aparte y en paz. No importa dónde pasemos el resto de nuestros días. Nuestros hijos verán a sus padres sumisos y vencidos. Nuestros guerreros estarán avergonzados. Después de la derrota pasarán sus días en la holganza, y envenenarán sus cuerpos entre comida y alcohol. No importa dónde pasemos el resto de nuestros días. No quedan ya muchos. Sólo algunas horas -un par de inviernos- y no quedará ningún hijo de la gran estirpe que en otros tiempos vivió en esta tierra, y que ahora en pequeños grupos viven dispersos por el bosque, para gemir sobre las tumbas de su pueblo. Un pueblo que en otros tiempos fue tan poderoso y tan lleno de esperanza como el vuestro. ¿Pero, por qué entristecerse por la desaparición de una nación? Las naciones están hechas por hombres. Es así. Los hombres aparecen y desaparecen como las olas del mar. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo, queda exento del destino común de las cosas. Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos. También los blancos desaparecerán, y quizá antes que otras estirpes. Continuad contaminando y corrompiendo vuestro lecho y cualquier noche morireis ahogados en vuestra propia suciedad. Eso sí, caminareis hacia la extinción rodeados de gloria y espoleados por la creencia en un Dios que os da poder sobre la Tierra y sobre los demás hombres.

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Cuando todos los búfalos se hayan ido, los caballos salvajes hayan sido domados, el rincón más secreto del bosque invadido por el ruido de la multitud, y la visión de las colinas esté manchada por los alambres parlantes (*), cuando desaparezca la espesura y el águila se extinga, habrá que decir adiós al caballo veloz y a la caza. Será el final de la vida y el comienzo de otra. Por algún motivo que se me escapa, Dios os concedió el dominio sobre los animales, los bosques y los Pieles Rojas. Quizá podríamos comprenderlo si supiésemos qué es lo que sueña el hombre blanco, qué ideales ofrece a los hijos en las largas noches de invierno, y qué visiones bullen en su imaginación, hacia las que tienden el día de mañana. Pero nosotros somos “salvajes”.

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Los sueños del hombre blanco nos están vedados. Y porque nos están ocultos, nosotros vamos a seguir nuestro propio camino. Pues, ante todo, estimamos el derecho que tiene cada ser humano a vivir tal como desea, aunque sea de modo muy diverso al de sus hermanos. No es mucho lo que nos une.

Consideraremos vuestra oferta. Si aceptamos es sólo por asegurarnos la reserva que habéis prometido. Quizá, allí podamos acabar los pocos días que nos quedan, viviendo a vuestra manera. Cuando el último Piel Roja de esta tierra desaparezca y su recuerdo sea solamente la sombra de una nube sobre la pradera, todavía estará vivo el espíritu de mis antepasados en estas orillas y estos bosques. Pues ellos amaban esta tierra, como ama el recién nacido el latido del corazón de su madre. Si os llegáramos a vender nuestra tierra, amadla como nosotros la hemos amado. Cuidad de ella como nosotros la cuidamos, y conservad el recuerdo de esta tierra tal como os la entregamos.

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¿Dónde está el bosque espeso?: Desapareció.

¿Qué ha sido del águila?: Desapareció.

Así se acaba la vida y sólo nos queda el recurso de intentar sobrevivir”.

Jefe Seattle (1.855)

(*) “alambres parlantes” = telégrafo.

El árbol de la vida

Recibiendo el afecto paternal del ministro Brack

Recibiendo el afecto paternal del ministro Brack

Con motivo del Día de la Tierra (22 de abril) tuve el honor de participar en la plantación del “Árbol de la vida” conjuntamente con Sor Olga Winkelried   directora del colegio María Auxiliadora (Lima-Perú) donde estudio el cuarto grado de primaria. A esta hermosa actividad asistió el señor ministro del Ambiente, Antonio Brack.

El Arbol de la Vida es depositado con mucho amor

El Arbol de la Vida es depositado con mucho amor

Luego de elevar 2009 globos conteniendo semillas de plantas que están en vías de extinción y de escuchar las reflexiones y recomendaciones de Sor Olga y del ministro Brack nos dirigimos a uno de los jardines del colegio en donde plantamos una hermosa ponciana que hoy 22 de setiembre cumple 5 meses de estar acompañandonos en nuestro colegio.

Sor Olga, dando un buen ejemplo.

Sor Olga, dando un buen ejemplo.

Invito a todos los niños del mundo a que planten árboles en sus colegios, en sus jardines y a participar en las campañas de reforestación que realizan muchas entidades.

El ministro Antonio Brack tambien nos ayudo a plantar nuestro Arbol de la vida.

El ministro Antonio Brack tambien nos ayudo a plantar nuestro Arbol de la vida.

Gallito de las rocas

o

Tunqui

GALLITO...

Es el ave nacional del Perú.

Su nombre en quechua es “Tunqui” y en español es “Gallito de las rocas”.

Científicamente se le conoce como Rupícola peruviana, que significa “ave de las rocas del Perú”.

Mide unos 32 cms. de largo. El macho es de un color rojo-anaranjado intenso, con ojos anaranjados, pico y patas amarillo-anaranjadas. Tiene una cresta de plumas sobre el pico y la frente. Sus alas y cola son negras, y algunas plumas de color gris perla en las alas. La hembra es de color marrón rojizo oscuro con la cresta más pequeña.

Su hábitat son ciertas zonas de los bosques húmedos y cerrados. Es un ave por lo general silenciosa, que sólo emite sonidos cuando está  en celo.

Anidan en paredes rocosas donde construyen su nido con musgos y líquenes preferentemente.

Como ave nacional goza de protección legal, estando prohibida su caza y comercialización; pero la cazan y la venden viva o disecada.

De muchos lugares ha desaparecido por completo a causa de la tala de los bosques y la caza ilegal de que es objeto.

En el Perú se encuentra en: San Martín (Río Abiseo), Pasco (Yanachaga – Chemillén), Huánuco (Tingo María) y Cusco – Madre de Dios (Manu).

La Cantuta

FLOR 013

Les presento a la Flor Nacional del Perú.

Como toda flor, es muy bella y las hay de diferentes colores, pero generalmente se encuentra mas en color blanco, amarillo, rosado y rojo.

Los Incas  promovieron su cultivo. También se le conoce como “La Flor Sagrada de los Incas”.

Crece de manera silvestre y también cultivada, principalmente en las zonas andinas de Perú y Bolivia entre los 1,200 y 3,800 msnm.

Se reproduce por semillas y estacas, y por hibridación se obtienen flores en variedad de colores.